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520 malditos años

Posteado por Ramón Fariña
Categoría: Noticias
Fecha del Post: October 12, 2012

Hoy, 520 años después, los Indígenas ya no tienen tierras y deben deambular por los centros urbanos, mendigando y sometiéndose a las peores formas de vida: prostitución, drogadicción, alcoholismo y tabaquismo, cuando menos.

Hoy, 520 años después -sin sus exuberantes bosques, sin sus arroyos y ríos cristalinos, sin su tekoha- se va borrando -lenta y despiadadamente- de la conciencia de ellos la cosmovisión distinta que por miles de años tuvieron hasta antes de la llegada de los invasores.

Hoy, 520 años después, sin su tekoha ya no pueden rendir culto a Ñande Ru y mucho menos, en su nombre, pueden celebrar el ñembo’e jeroky; por consiguiente, las takua y los mbaraka quedaron mudos, ya no suenan, ya no sirven… y tampoco ya intentan siquiera pelear por el yvy mara’ỹ. Ellos, en un buen porcentaje, saben que prácticamente ya todo está perdido.

Hoy, 520 años después, ninguna institución nacional o internacional creada para salvaguardarlos cuenta con los recursos suficientes para asistirlos en sus necesidades básicas.

Hoy, 520 años después, aunque siguen siendo menos del diez por ciento de la población de América, ya fueron dados por muertos en todos los libros escolares y -es más- todos hablamos de ellos en tiempo pasado. Los Indígenas vivieron, los Indígenas se alimentaban, los Indígenas eran… pese a que aún sobreviven.

Hoy, 520 años después, en los libros solamente están como héroes y santos, los blancos. Ningún Indígena fue considerado héroe por resistirse a la invasión o por practicar su cultura o hablar su lengua.

Hoy, 520 años después, los gobiernos de América que se jactan del orgullo de ser americanos, los han olvidado y en la mayoría de los casos, los han marginado más.

Hoy, 520 años después y para quienes sentimos algo por cualquier semejante, nos duele verlos en las calles expuestos a las altas temperaturas o al excesivo frío, a la lluvia o cualquier contingencia, pidiendo miserables monedas, el resto de alguna comida o abrigos usados. Más de uno, al verlos, les demuestra su desprecio con la mirada o con alguna expresión grosera. Para más, ya casi todos creemos que a los Indígenas ya les gusta vivir en las calles, tirados, pasando hambre y como mendigos.

Hoy, 520 años después, es fácil percibir que no existe la justicia social y que no existe la igualdad ni ante la ley cuando se trata de los Indígenas.

Hoy, 520 años después, aunque más no fuera una mera expresión de deseo, como me gustaría por un día -solo por un día- que cambiáramos los roles y que en la situación de ellos pudiéramos saber qué se siente al sobrevivir discriminados, degradados, despreciados, desalojados, en la calle, sin nada que comer ni beber y sin el abrigo de un hogar. Me gustaría ver a los presidentes, parlamentarios, ministros, etc. sobreviviendo en el lugar de los Indígenas, a ver si como consecuencia de esa triste e inhumana experiencia no se dedican a intentar reivindicar a los Pueblos Indígenas, facilitándoles una vida digna. Obviamente, mientras el zapato no nos apriete, nada nos duele y por consiguiente no pasa nada.

Como hace 520 años, este nuevo 12 de octubre, no pasará de algún "festejo” del Descubrimiento de América o del patético "Encuentro de dos mundos”; o de alguna lecturita alusiva. Solo eso…

¡Malditos 520 años!

Por: David Galeano Olivera


Nota:
En homenaje a NUESTROS HEMANOS MAYORES y respetando el sentido y el convencimiento al escribir, que imprime en sus escritos El Profesor David, comparto ésta publicación en forma TOTALMENTE TEXTUAL Y CONSERVANDO, INCLUSO EL SITIO DEL MENCIONADO AUTOR DE ESTA PUBLICACIÓN.

Atte: Juan Ramón Fariña
 
 

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