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El Pombero Karai Pyhare (El Señor de la Noche)

Posteado por Ramón Fariña
Categoría: Cultura
Fecha del Post: July 26, 2012

El Pombero es el personaje más comentado y temido y su vigencia es permanente en toda la región… (Paraguay, litoral argentino y Sur del Brasil), muy especialmente en las poblaciones del interior o las campiñas. El Pombero es un ser del que se han relatado innumerables e increíbles historias. Es un misterioso mito de insondable presencia y de constante roce con el hombre, a quién observa y vigila en la hora nocturnal, haciéndose sentir de mil maneras. Es el "Karai Pyhare” (Señor de la Noche) "Si, no hay que mancillar su nombre de Pombero y menos comentar que su fornido cuerpo es raro, feo y cubierto de largos y sucios pelos, ya que, eso podría irritarlo”, así oímos comentar a nuestra gente campesina. A los niños les está prohibido decir: "pombero”, sobre todo por la noche, hora propicia en que Él vigila, escucha y escudriña con sus ojos avizores, mimetizado en cualquier rincón oscuro.
El tatakua (horno hecho de barro) suele ser refugio predilecto de nuestro personaje. Desde allí espía y escucha todo lo que ocurre en el hogar elegido. En las noches de "amenazo” (amenaza de lluvia), suele ser más persistente en sus andanzas.
Imita al potrillo o al pollito. Se desliza entre la maleza, silencioso y vivaz, brillándole los ojos de astucia diabólica. Invisible a ratos, conoce el secreto de convertirse en "un tronco” o en "un matorral” en los fugaces momentos en que el relámpago rasga las tenebrosas tinieblas. Sus silbidos prolongados hacen estremecer de pavor a los nativos; se mezclan con los confusos chirridos que parten de la espesura, denunciando su tímido paso por los campos en sombra. Es el ñandu kavaju (tarántula), afirman los incrédulos; pero pronto lo desmiente con el veloz desplazamiento de su penetrante silbo, imposible en la pequeña araña. Imita luego al ñahana (ave de los campos y los esteros) y el grito lastimero del karâu (ave negra de los esteros), para alejarse en la noche con crujir de ramas rotas, seguido de la suspensa atención de los estremecidos habitantes del lugar.
Su amistad es valiosa y fácil de conquistar. Basta con dejarle un trozo de náko (tabaco para mascar) en el angu’a (mortero).
Como retribución, a este obsequio, se podrá encontrar un pindorope (vaina de la flor del pindo-palmera) lleno de eirete ka’aguy (la rubia miel silvestre). Además será celoso guardián de los caballos de su protegido, en los viajes de éste por las regiones desiertas. En los peligros de las oscuras noches no dejará a su amigo sufrir ni sentir temor, ya que, ÉL será el amigo invisible, compañero y, de a rato dejará escuchar el rumor apagado de sus pasos o sus imitaciones de pájaros y reptiles, en la maleza cercana. Pero… Será desgraciado aquél que falte al compromiso de amistad con El Pombero.
Pombero no perdona y su venganza puede ser FATAL. Una de sus primeras víctimas; como para demostración de su ira, será el perro, propiedad del que ofende… El can, AMANECERÁ LOCO.
Se dirá que fue tocado por El Pombero: "Pombero opoko hese”. Su contrariedad la manifestará con el remedo del Kara-Kara (ave de rapiña). Si en su plan de venganza abriga el deseo de matar, lo anunciará con el relincho del kavaju ra’y (potrillo); luego, estremecido de ira por el engaño, se deslizará entre las sombras para desatar el montado o los terneros del que lo burló, abrirá el chiquero o corral, o arrojará piedras sobre el techo de la casa. Aunque, se cuenta, que también es fácil ahuyentarlo en estos casos: CON SÓLO PROFERIR UNA QUEJA DE DOLOR, DICIENDO QUE SE PADECE DE "BUBA” (botón de oriente) ya no molestará más. Se podrá salir en las noches con tranquilidad pues miedoso de la enfermedad, no volverá a merodear por los contornos.
A veces, sin embargo es vencido por las tentaciones de la civilización, enemiga de su cultura. Lo seduce el bello cuerpo de una mujer o la brillantez de algún objeto, que robará luego. Entonces pierde su poder de volverse invisible y es posible dar con su rostro.
"En los campos, cuando la negrura nocturna abruma la tierra y nacen a la vida los rumores y silbidos de los misteriosos pobladores de la noche, se adivina en la presencia cautelosa del Karai Pyhare a los antiguos señores de esas bellas regiones espiando desde la sombra a los temidos extranjeros blancos, que impusieron su imperio dominador sobre sus ricos Ka’aty (yerbales) y sus campos sin límites, arrojándolos a ELLOS a las tinieblas de un continuo ambular”. Karai Pyhare (Señor de la Noche).


 
 

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